miércoles, 6 de noviembre de 2013

Té quiero

Cuando te duermas por descuido te voy a regalar un té acompañado de un paisaje de palmeras recostadas en los retazos de lo que alguna vez fue una selva negra.
Allí vas a encontrarte con un minero bordó que se sumergirá en las aguas cálidas del estanque termal las veces que vos se lo pidas.
Nunca va a cansarse, jamás. Pero si, es posible que se gaste.
Que se deshilache, cuando los latidos de cerquita ya no tengan tibio.
Vos no te preocupes, nunca van a hacerte falta.
Nunca a vos.
Si no te gusta el té, puedo hacerte un mate.
No tenga miedo de pedírmelo, tengo un brazo inacalambrable entrenado solo para cebarte.
Creado para cebarte mate, o cebarte té, o cebarte a vos sin ningún tipo de edulcorante.
Solo haces falta vos, la única sobreviviente de aquel kiosquito de mielcitas blancas.
La que se escapó del holocausto de amargura un día, para amanecer dormida aquí.
Por descuido, En mi pecho.
Gracias señor dios de los descuidos, le deberé una ofrenda.
Y a usted un té con canela y mucho amor.
Eso, que te hacía levantarte cada mañanita con ganas de ir a la escuela.
Solo tienes que aceptar, o no.
Como un té.
o una decisión, o un buen whisky: se toma o no.
Como los medicamentos de la gente a la que le duele el alma.
Como si las cajeras en los súper no supieran que sabemos que sí tienen monedas.
Así hacen los doctores, disimulan que ignoramos que solo falta té.
Que lo que los médicos del mundo deberían recetar, es música.
Deberían recetarte.
Todos, cada uno de los antiguos niños de cartón que se confunden en las discos necesitamos una como vos para cortar con las penurias.
Para cortar los pancitos y soparlos en la salsa que se pone encima de la polenta solo para después archivarlos en mi boca.
Para siempre.
Mientras dure la existencia menguante de esa empanada.
La última porción de ese milagro con repulgue que tu dios mamá hizo alguna vez.
Con un poco de picante, como todo.
“Chimichurri me estaba haciendo falta”, precisamente eso es lo que pensé en el momento exacto en que hacías unas muecas extrañas entre estirarte y bostezar.
¡Cuánta fiaca!
Si hoy, en este preciso momento hubiera un concurso de perezas.
Vos no jugarías, no en uno de amateurs.
Ellos no merecen ni tus zetas, nada.
Solo verte y dar las gracias.
Como en un teatro de vueltas o una calesa con caballos grandes e imponentes para que los nenes grandes también puedan subirse.
De verdad ansiaba subirme a tu carrusel, pero sin que funcionara.
No eran necesarias tantas vueltas.
O tal vez sí, creo que nadie subiría al gusanito si no estuviera lleno de vueltas rápidas, y giros inesperados.
Como un baile, o un beso que se roba en medio de ese baile.
Como un beso tuyo de merienda.
Como éste, que me das mientras pienso lo que escribo y me preguntas por que tanto silencio.
Hablo para adentro, para no olvidarme.
Y aunque me olvidase, pondría lo mismo, pero en otra forma.
Solo basta pensar en las mañanas con vos, con té, con ese beso, palmeritas ,las ganas de empezar el día, de una vez y con el pie que fuese.

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